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Jeque Abdoulaye Dieye

Jeque Abdoulaye Dieye nació en la ciudad de Saint Louis en Senegal en 1938. Era urbanista y paisajista. Pero, sobre todo, era un Hombre de Dios, un buscador, escritor y profesor de fama internacional. Diputado Alcalde y miembro de la Asamblea Legislativa, creó en el servicio de los otros y la aplicación de la moralidad en la política para el bienestar del Hombre.

Jeque Abdoulaye Dieye pertenecía al Orden Sufí de la Muridiyya y era un discípulo del Gran Deymani Santo, Jeque Sidy Ahmed Ibn Ismouhou de Mauritania quién era un de los primeros discípulos de Jeque Ahmadou Bamba.

Como Maestro espiritual Sufí de la Muridiyya, Jeque Abdoulaye viajaba a través del mundo entero, llevando un mensaje de verdad, amor y paz a la gente de todas creencias. Era un miembro de la organización ‘El Islam y el Oueste’ y tenía una creencia fuerte en el dialogo inter-religioso, lo que promovía para construir puentes de tolerancia y armonía entre la gente.
Propagó las semillas de Khidmatul Khadim, la Escuela de Paz y del Servicio en las ‘daaras’, es decir los centros de educación que estableció en las islas Reunión y Mauricio, en Inglaterra, Francia, Sur África, Italia, EEUU y la India. Los viejos como los jóvenes se forman para descubrir sí mismo, y encontrar la armonía entre el mundo espiritual y el temporal y servir a la Humanidad como agentes de paz.

Jeque Abdoulaye estableció la fundación de la Organización Humanitaria, Tercer Mundo Familia, Humanitaria (TFH) que se dedica a la restauración de la dignidad humana en el mundo. Los miembros de esta organización se dedican activamente a dar consuelo a los desafortunados e implementar proyectos sociales para el bienestar de los pobres en diferentes partes del mundo a través de la atribución del poder a las comunidades para que se decidan a juzgar un papel activo en la formación de sus futuros.

Todas las acciones del Jeque Abdoulaye Dieye fueron guiados por el amor a la Humanidad. Se mostró siempre dispuesto a sembrar el amor y la compasión en el corazón del hombre. Para él, la verdadera religión es la religión del Amor. Todos los hombres, a su juicio, son flores en el jardín de Dios y debe ser alimentado con el amor y la compasión. Cada uno de nosotros tiene el potencial de ser un Ser Paz y un constructor de paz después de redescubrir el tesoro en nuestro interior.